FEMINISMO NEGRO

De Ialodês y Feministas Reflexiones: Sobre la Acción Política de Las Mujeres Negras en América Latina y El Caribe

Afrodescendiente brasileña. Médica y doctorante en Comunicación y Cultura en la Universidad Federal de Río de Janeiro. Es una de las fundadoras y coordinadora de Criola -Organización de Mujeres Negras de Rìo de Janeiro, Brasil. Es también Secretaria Ejecutiva de la Articulación Nacional de Mujeres Negras Brasileñas

La lucha por la emancipación de la mujer negra no tiene solamente la finalidad de formar mujeres negras seguras, capaces y brillantes, a quienes,gracias a esta lucha, les permitan adquirir privilegios individuales. Estas conquistas son vehículos para generar transformaciones en la vida de la población negra.(1)

Primer movimiento: ¿Dónde comienza la historia?

Hace algunos años atrás tuve la oportunidad de ver, en un canal brasileño de televisión, una entrevista realizada a un activista indígena por ocasión de la conmemoración de los 500 años del llamado Descubrimiento de Brasil, o sea de la invasión de los colonizadores europeos (portugueses) a las tierras de Pindorama (nombre dado por algunos pueblos habitantes de la región), sobre lo que pensaba de los 500 años de

Brasil. Según retengo en mi memoria él respondió:

¿500 años? Mi pueblo ya estaba aquí cuando ellos llegaron. Yo soy capaz de contar la historia de este río que estamos viendo desde hace más de cinco mil años. ¿Qué puedo yo decir sobre 500 años? (2)

(1)  Palabras de la activista Pedrina de Deus, citada por Lemos, Rosália, “A face Negra do Feminismo: problemas e perspectivas”. In Werneck, Jurema, Mendonça, Maisa e White, Evelyn C.( 2000) O Livro da Saúde das Mulheres Negras: nossos passos vêm de longe (pp.62-67). Rio de Janeiro, Pallas Editora/Criola/Global Exchange.

(2) Cita de mi memoria de la intervención del activista, Ailton Krenak.

Comienzo con esta perspectiva de anterioridad, de una historia que no es fundada por los europeos (aunque actualmente esté infl uenciada profundamente por ellos), de otras posibilidades interpretativas o de diferentes posibilidades de establecer otros marcos para recontar una historia.

Reconozco que la capacidad de dar nombres a las cosas habla de una situación de poder, de una posibilidad de ordenar el mundo según bases propias, singulares, tanto desde el punto de vista individual como a partir de colectividades, de pueblos enteros. Se trata de una posición de privilegio, aunque no voy a discutir aquí cuántas armas estuvieron envueltas en la obtención de esos privilegios, pero no me es posible esconder el hecho de que se trataba (y se trata) de armas.(3)

Las formulaciones iniciales de la teoría feminista, al nombrar la lucha de las mujeres desde su perspectiva de mujeres blancas, burguesas y europeas en las décadas que se inician a partir de 1970, trajeron para el concepto recién creado de feminismo, la perspectiva occidental, que se funda en la ignorancia profunda acerca de las demás mujeres del mundo, y en un individualismo creciente que descansa en el capitalismo como paño de fondo. ¿Hasta qué punto el concepto “feminismo” es sufi ciente para abarcar a todas las mujeres, todo activismo, toda lucha?

Para nosotras, mujeres negras, inmersas en una diversidad inconmensurable, marcadas por las desigualdades que tienen origen en la inferiorización y explotación, las múltiples acciones políticas que emprendemos atraviesan diferentes niveles de actuación, diferentes campos de existencia signifi cadas por encuentros conflictivos o violentos con el occidente, con el patriarcado, con el capitalismo, con el individualismo. ¿Es suficiente llamar esto feminismo?

Afirmó bell hooks:

“El movimiento feminista sucede cuando un grupo de personas se reúne con una estrategia organizada de la acción para eliminar el patriarcado”.  (hooks, 2000:11)

Pero debemos explicitar la imposibilidad práctica de la disociación entre patriarcado, racismo, colonialismo y capitalismo, todo parte del mismo paquete de dominación de occidente sobre las demás regiones en el mundo, que no se estructura en capítulos o jerarquías, al contrario, actúa sobre las mujeres como un bloque monolítico, a veces bastante pesado.

En la perspectiva puesta por bell hooks, la lucha de las mujeres negras por la descolonización en diferentes niveles: cuerpos, mentes, sistemas políticos, económicos,

(3)  La defi nición de armas refi ere a un conjunto variado de mecanismos e instrumentos de subyugación y aniquilamiento. Estos incluyen desde instrumentos simbólicos, semiológicos y culturales hasta armas de fuego y todo el poderío bélico concentrado en las manos de determinadas naciones y pueblos.

sociales, religiosos, culturales, raciales etc., podrá implicar un feminismo diferenciado del producido por las diferentes corrientes del lugar común feminista, y provocará una contradicción indisociable en su interior, una vez que se le coloca en confrontación con sus posiciones de privilegio o de dominación, es decir en confrontación con los intereses más cotidianos de los habitantes blancos del mundo, principalmente de Europa y Estados Unidos, independientemente sean hombres o mujeres.

Las formas organizativas contemporáneas de las mujeres negras, siendo una vertiente del feminismo, confrontan a burgueses, donde quiera que estén, cuando éstos liberan monóxido de carbono u otros gases venenosos en la atmósfera, aumentando carga de basura tóxica que es depositada en las comunidades negras e indígenas; loconfrontan cuando viven confortables sobre la base de la superexplotación capitalista y del trabajo esclavo de las mujeres, hombres, niñas y niños.

Estas organizaciones de mujeres negras confrontan el concepto de activismo que mira al propio ombligo y se ampara en la racionalidad de un evolucionismo darwinista; confrontan las nociones de centro y periferia al tiempo que afirman sus propias bases no dialécticas, su fundamento en culturas de arkhé4 de tiempo cíclico y modos de ritualización que penetran al occidente y a su racionalidad, que trabajan con él al mismo tiempo que buscan fragilizarlo en una especie de juego de fuerza, juego que debe ser visto, en esta perspectiva, como un movimiento que genera y mantiene la existencia de ambas partes.

No nos parece adecuado aquí o en cualquier espacio de refl exión política, trabajar con esferas psicológicas y morales que se traducen en la movilización de sentimientos de culpa depositados en los mecanismos de afi rmación identitaria de las que pueden ser defi nidas como dominadoras, ni articularnos en favor de las argumentaciones de aquellas que podrían ser defi nidas como las dominadas. En ese lugar negado, la perspectiva reductora implica la consideración del discurso de la feminista negra como discurso de víctima lo que es, por diferentes razones, inaceptable.

PARA EL ARTICULO COMPLETO – De Ialodês y Feministas Reflexiones sobre la acción política de las mujeres negras

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