AFROLATINAS, FEMINISMO NEGRO, NARRATIVA, NOTICIAS

“Mis Razones” Afrocubanas, historia, pensamiento y prácticas culturales.

Palabras de presetación en el Centro ”Dulce María Loynaz”

Gloria Rolando

Afrocubanas, historia, pensamiento y prácticas culturales.

Una luz especial irradia sobre este libro. Desde la portada nos recibe un enigmático rostro de mujer negra con la mano en la cabeza. Talvez ella sugiere la necesidad de revelar los más íntimos recuerdos de la memoria acumulada por los siglos.

 

Su mirada penetrante, insistente. Una mirada que llama al desafío y al diálogo entre el pasado y el presente. Esa imagen que encabeza nuestro libro salió de las manos y la inteligencia de Belkis Ayón. Ella tuvo el privilegio de conjugar el mito y la realidad hasta convertirse ella misma en el mito y parte de una historia que no podemos negar. Algunos se preguntarán:¿Por qué afrocubanas? ¿Es que ahora las negras de Cuba quieren o tienen o inventaron una historia diferente al resto de las mujeres de esta nación?¿Se trata de alguna corriente pasajera de influencia foránea?¿Por qué un libro como este? Desde el prólogo Inés María Martu (Lalita) deja bien establecida una poderosa razón: “La imagen de la mujer negra en la sociedad cubana en todos las épocas ha sido construida a base de estereotipos negativos”. Y en mi opinión, esta época a pesar de los avances, no ha sido una excepción. Por eso, cuando me invitaron a presentar el libro, no lo pensé dos vecez. Yo también tengo mis razones.

 

Pero quiero referirme a una pequeña anécdota para que me entiendan: Imaginen los que cogen guagua, un camello en la llamada hora pico, un calor insoportable, el desespero por subir y una mujer con muchos paquetes que no podía o no quería avanzar hacia el interior del ómnibus se produce una discusión entre ella y el chofer. Sube la temperatura del diálogo en las circunstancias, hasta que el chofer le dispara: “…tú no eres más que una negra”. El público quedó paradalizado, se hizo un silencio. Todos y todas fuimos testigos de aquel triste momento. La mujer quedó muda, aplastada. La historia devolvió al presente las voces de los amos, mayores y contramayores, personajes de la época colonial que deseñaron una filosofía del desprecio y el abuso físico y psíquico hacia la mujer negra, que, lamentablemente, llega hasta nuestros dias.

 

En esta acción verbal del chofer también había mucha ignorancia, mucho desconocimiento. Es hora ya de sacar a la luz, así de conjunto, historias tan interesantes que ponen al descubierto el aporte, el protgonismo de la mujeres negras. Y desde aquí hay que reconocer un paso que marcó las diferencias. El libro es una invitación a recorrer el alma de esa parte olvidada de la nación.

 

Los contenidos de esta edición están organizados o agrupados en 3 secciones: Historia, Pensamiento y Prácticas culturales.  Cada cual, según sus intereses en determinado tema, podrá encontrar una motivación para la lectura. Sin embargo, un hilo conductor ayuda a visualizar nuestras acciones en los diferentes espacios de la historia de Cuba.

 

Para leer mas~ MIS RAZONES

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Las Afrocubanas ya tienen su libro ~

Las Afrocubanas ya tienen su libro~

Sandra Alvarez Ramirez

Por Sandra Álvarez Ramírez

 

En el año 2010, la escritora Inés María Martiatu, al ser entrevistada a propósito de la publicación de su libro de cuentos Sobre las olas y otros cuentos (Swanisle Press,  Universiy of Chicago, 2009), reveló la deuda que tiene la tradición literaria cubana con la escritura de las mujeres negras, al mostrar evidencias de la exclusión que han sufrido las afrocubanas.  Ediciones, antologías, premios, estudios sobre las mujeres, etc. —anota dicha investigadora— han excluido históricamente la vida y obra de las cubanas mestizas y negras, lo cual aun persiste en el momento actual.

Recientemente en Algunas notas sobre raza y narrativas femeninas. El que más mira menos ve, publicado en La Jiribilla,  la también crítica cultural destacó la exclusión mantenida de las narradoras dentro del corpus literario nacional.

Por su parte, la historiadora Daysi Rubiera, autora de Reyita, sencillamente, Golpeando la memoria, entre otros libros de testimonio de mujeres, ha apuntado, en más de una ocasión,  su interés en visibilizar las contribuciones de negras y mestizas, por eso su marcado interés en las ¨historias de mujeres¨.

 

 

Afrocubanas: historia, pensamiento y prácticas culturales (Ciencias Sociales, 2011) es el volumen donde Inés María Martiatu y Daysi Rubiera, presentan la obra de notables intelectuales afrocubanas. El libro está dividido en tres partes: historia, pensamiento y prácticas culturales, y en sus 408 folios recoge ensayos, artículos, etc. que nos acercan a zonas poco tratadas o desconocidas de la historia y cultura nacionales, esta vez teniendo como punto de mira a las mujeres negras y mestizas cubanas.

La pronto aparición del volumen, a presentarse próximamente en el Sábado del Libro, motivó la realización de esta entrevista.

Partimos entonces por preguntar, ¿Por qué Afrocubanas?

Daysi Rubiera. Desde hace muchos años, al darme cuenta de que en la invisibilidad de las mujeres, la de las negras era total y atravesaba casi todas las áreas de las Ciencias Sociales y la cultura, me tracé un proyecto muy personal de visualización de ellas. Comencé en 1990 con un ensayo que me publicaron en la Editorial Academia. Le siguieron otras obras, ya sobre alguna mujer en específico.

De ese proyecto surgió la idea de preparar un libro más abarcador y convidé a algunas amigas a que me acompañaran con ese proyecto: Inés María Martiatu, Georgina Herrera, Lázara Menéndez, María del Carmen Barcia, Irene Esther Ruiz, Coralia Hernández, pero el proyecto fue creciendo, surgieron otros trabajos, en fin, Afrocubanas… es muy abarcador, recorre las diferentes etapas de la historia de nuestro país; refiriéndose a mujeres desde el período colonial hasta nuestros días. Posicionandose como contradiscurso, al desmontar estereotipos negativos, racistas y sexistas.

Ines M. Martiatu.  Fue decisión de Daysi comenzar cuanto antes en un proyecto como éste Ella me invitó y por supuesto acepté. Así comenzamos a realizar la selección entre las dos. Investigamos, consultamos con especialistas y seleccionamos los trabajos que consideramos más significativos y en áreas a veces poco conocidas.  Algunos ya publicados y otros inéditos o pedidos por encargo por su importancia cuando no encontrábamos  los adecuados para diferentes asuntos y personalidades que deseábamos  incluir.

Yo tengo un archivo bastante  grande de lo que se publica on line aquí. De esta manera encontré trabajos que aparecieron en medios digitales, revistas, incluso  reproducidos de eventos. Sólo faltaba contactar a las autoras, tarea que no fue fácil en ocasiones. Luego fuimos incorporando a las más recientes. Descubrimos que narradoras y poetas también tenían  ensayos o artículos de opinión sobre los temas relacionados y el libro fue creciendo.

¿Son la pertenencia o identidad racial y el género motivos de selección para un libro?

Daysi Rubiera. Por supuesto. Sin ese sentido de pertenencia, sin conciencia racial, no se nos hubiese ocurrido este proyecto; y sin un conocimiento de cómo se potencia la equidad de género cuando se transversaliza con la identidad racial, tampoco. Ambas cuestiones son imprescindibles para hacer una selección que nos permitiera comenzar a visualizar algunos aspectos del pensamiento femenino negro cubano.

Inés M. Martiatu. La historia de las mujeres negras y mestizas en Cuba y en toda la diáspora, como sabemos está marcada por la procedencia del continente africano, por la esclavitud y por último por el proceso tanto económico, como cultural que ellas sufrieron quedando relegadas por su condición racial y de género en una situación de subalternidad en la sociedad colonial como esclavas o libres.

Esta historia es bien diferente a la de las mujeres blancas quienes en su mayoría pertenecían a los llamados estamentos superiores en que se dividía la sociedad colonial. Este estigma se mantuvo  aún después de la abolición de la esclavitud, de la instauración de la república y ha llegado hasta nuestros días, aún sin resolverse, en la sociedad cubana.

En la literatura, tanto en la poesía, la narrativa, los testimonios, se ha esteriotipado, y a veces maltratado, la imagen de las mujeres negras en discursos articulados por el “otro”. Aquí tratamos de que estos discursos sean los nuestros. Que se escuche nuestra propia voz.  De este modo, considero que está muy bien justificado que la identidad racial y el género sean motivos para el estudio y la selección para este libro.

¿Quienes son esas mujeres afrocubanas que están recogidas en el libro?

Daysi Rubiera. ¿Las afrocubanas? Mujeres que articularon un discurso diferente al de las blancas desde el siglo XIX, para así concretar ideas, definir actitudes, fijar puntos de vistas, reclamar su espacio en la sociedad que les tocó vivir, poniendo siempre en ello el orgullo racial. Discursos que no fueron tomados en cuenta por quienes hicieron nuestros textos de historia y tampoco son de mucho interés por quienes, en los últimos años, realizan estudios sobre las mujeres.  Un ejemplo de aquellas primeras: Úrsula Coímbra de Valverde, África Céspedes, Cristina Ayala, Consuelo Serra, Inocencia Silveira, Carmen Piedra, Arabella Oña, Catalina Pozo Gato, etc.

 

¿Otras mujeres?, las autoras de los otros trabajos que conforman el libro, las que,  independientemente del color de su piel, desde su percepción y especialidad desmontan estereotipos, denuncian nuevas situaciones creadas, visibilizan lo silenciado en el pasado.

No puedo obviar a las que aparecen en las fotografías. Creadoras cubanas que mantuvieron presente el discurso femenino negro hasta nuestros días, entre ellas: Sara Gómez, Belkis Ayón, Leyda Oquendo, Gloria Rolando.

 

Inés, sabemos que gestionas un blog que tiene el mismo título del libro, y que en ese espacio digital es posible encontrar la obra de otras tantas mujeres afrocubanas, se puede establecer entre ambos espacio, el del volumen en papel y el de un blog colectivo, algún vínculo intencional ¿o no?

Inés M. Martiatu : Pues si, existe un vínculo entre ambos proyectos. Después de la entrevista publicada en La Gaceta de Cuba —anteriormente mencionada— y de muchas reflexiones, llegué a la  conclusión de que debería tomar una acción y no quedarme en una queja. Esa entrevista fue publicada en febrero de 2010 y en ese mismo mes cuelgo el blog Afrocubanas  con varias secciones. La decisión de colgar este blog me parece un gesto  trascendente pues  con él abandono la posición que pudiera  confundirse con la de víctima y nos mostramos a nosotras mismas que sí estamos, que sí hemos trabajado y que podemos acceder sin reparos a un espacio que nos pertenece. Afrocubanas es un espacio propio  para actuar de forma coordinada, para conocernos  todas las que nos  nucleamos alrededor de él, un espacio nuestro. Aquí también tienen un lugar las hermanas afroamericanas.  Este blog es mi respuesta a estas exclusiones y lleva un exergo de Úrsula Coímbra  a sólo dos años de la abolición de la esclavitud:

Me siento orgullosa de pertenecer a una raza que por sí sola y a costa de sacrificios, procura elevarse a la altura de las demás y lucha, trabaja y estudia para vencer (…) bastante tiempo hemos tenido el dogal y la mordaza, tanto tiempo hemos callado, así pues el espíritu del siglo reclama que nuestra voz se levante. (1888).

Este libro es el primer resultado palpable de los esfuerzos y las intenciones de las afrocubanas que estamos reunidas alrededor del trabajo del blog. Casi todas las que aparecen en el blog también están en el libro y muchas más. Creo que vendrán otros proyectos interesantes porque nos sabemos capaces de llevarlos a cabo. 

¿Para terminar, afrocubanas o mujeres negras cubanas?

 

Inés Martiatu. Sabemos que la primera etapa de reconocimiento de  la importancia del negro y de la cultura africana en Cuba dio origen al movimiento Negrista o Afronegrista. Cuando el sabio Fernando Ortiz acuñó el término afrocubano, en las Ciencias Sociales, surgieron diferentes criterios que lo discutieron o negaron, y que por supuesto respetamos. Yo misma en un momento determinado pensaba que lo cubano incluía lo afro y lo hispano a partes iguales. Pero la experiencia me ha  demostrado que no es así.

Y volviendo a las características y la historia de las mujeres negras en Cuba, optamos por llamarlas “afrocubanas” ya que en el “ajiaco“ que es nuestra cultura los elementos africanos, negros, como quiera llamárseles no están  diluidos en el “caldo”. No es lo mismo un negro de ascendencia africana y esclava que un blanco descendiente de primera o segunda  generación de españoles como los hay en Cuba. Ni siquiera los negros y negras de origen yoruba, bantú, arará, del Caribe inglés o franco-haitianos responden a las mismas características socioculturales. De ahí el uso de el término afrocubano y afrocubana que nos une a todos.

EL proceso de transculturación en un país multiétnico y multicultural como el nuestro no  ha terminado. Afrocubanas porque se trata de mujeres negras y mestizas  independientemente del tiempo que llevamos viviendo en la isla, mezclando nuestras sangres, inter-influenciándonos y  luchando contra la discriminación racial y el racismo que nos afectan a todas. Lo que tenemos en común todas nosotras, las descendientes de esclavas con varias generaciones enraizadas en esta tierra y las caribeñas venidas de otras islas, es el origen africano, la esclavitud, todas somos hijas de la diáspora. Sí, todas mujeres negras y todas afrocubanas.

Sandra Álvarez Ramírez, Mujeres, raza e identidad caribeña. Conversación con Inés María Martiatu. En La Gaceta  de Cuba, No.1, enero-febrero de 2010, pp.42-45

2.La Jiribilla, La Habana. Año X. 25 de junio al 1ro. de julio de 2011 No.529

3.https://afrocubanas.wordpress.com/

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I had a conversation with someone who emailed me out of the blue about my new book and my journey as a writer. She told me that I was an inspiration and that my story was important. In her email she shared with me her incredibly painful story. At the end of the email she asked if I would call her and her mother (who is also writing a book). The email moved me so much that I felt compelled to call her – IN THAT MOMENT!

While we were on the phone I shared with her that I had no desire to be famous or simply sell 1,000,000 copies of my book. What I wanted more than that was to have 1 million people read it – even if that means for free.

I have decided that an important way for me to get this story to you is by giving it to you as a GIFT. Because I understand that my writing has GIFT given to me. I know that I must share it.

This book was written with so much love for my daughter, for my past, my family, people I have met on this journey… a journey that hasn’t always been easy. In fact, at certain points it has been horrific. But this story is YOUR STORY!

As I said to the woman who emailed me… if this book can encourage one person to take a stand, to make another choice, to release the past, to forgive, to look at themselves in the mirror, to heal from pain… to save their own lives… then I have done what I was born to do.

I have already lived through these experiences and I understand on a spiritual level that God chose me for these lessons – because God understood that I could take it… I could live through it… and I was chosen to tell this story.

And so, please accept this GIFT. Share it with everyone you know. Let’s reach ONE MILLION people. I am grateful for each and every one of you.

Love,

Alicia

UPUPDATE ON MY 20 CITY TOUR~

I have decided to put the tour on hold. Over the past few months I have received quite a few rejections from bookstores requesting that they host my book signing. Unfortunately, they require that I already have a large following in the cities I plan on visiting. I am not deterred. I am still planning my book tour. What I have decided is to REVAMP the tour. Make it more personal. So if you are interested in hosting a reading in your home and can guarantee at least 20 people then I will come to your home, church or organization and share my story.

If you would like to donate to my campaign ~ Any offering is towards my tour is greatly appreciated.

WEBSITE: http://findingyourforce.blogspot.com/2012/01/2012-year-of-completion.html

 

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Purchase book on AMAZON: http://www.amazon.com/Finding-Your-Force-Journey-Love/dp/0983794308/ref=sr_1_1?ie=UTF8&qid=1329429065&sr=8-1

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Encontrando tu Fuerza Un Sendero De Amor

NEW YORK, NY, 20 de agosto de 2011, autora Alicia Anabel Santos lanza su libro: Finding Your Force A Journey to Love ~

Encontrando tu Fuerza: Un Sendero De Amor.

Encontrando tu Fuerza (Finding Your Force) es un libro de memorias escrito en la forma de una carta de amor dirigida a una hija. Es una conversación íntima que viaja a las partes más oscuras del alma de Alicia. Caminamos con ella debajo de las ruinas, donde todos sus secretos se mantenían ocultos hasta ahora. La escritora  excava dentro de sí misma  para encontrar esa fuerza que le permitiera enfrentar esos momentos que la han transformado desde sobrevivir una violación sexual, sanar sus heridas y su salida del closet como lesbiana.. Encontrando tu Fuerza es una excursión por la vida, muerte y renacimiento de la escritora.  Alicia le dice a su hija una historia que es cruda y desgarradora. No es otra historia sobre el amor, pero sin duda es una historia de amor. Encontrando tu Fuerza se acaba de publicar el 6 de agosto de 2011 (410 pp, TPB, $ 19.99, ISBN: 9780983794301).

 

Sobre La Autora

Alicia Anabel Santos es una escritora latina, productora y dramaturga. Dominicana nacida en New York, Apasionda en escribir obras que impulsa e inspira a las mujeres a encontrar su voz interior. Actualmente, está terminando su novela de ficción titulada, Las Hijas de la Revolución. Ella es la fundadora de New York City Latina Writers Group. La escritora Alicia Anabel Santos ha Co-producido durante tres años el documental Afrolatinos: La Historia que Qunca Nos Contaron (WWW.AFROLATINOS.TV) y  escribio y dirigio su obra de teatro titulada I WAS BORN (Yo Naci) la cual fue elegida como uno de los primeros lugares del Festival de teatro en New York, esta obra te lleva a través del laberinto de América Latina donde siete valientes mujeres cuentan sus historias. Alicia vive en Harlem, New York y trabaja como escritora independiente y activista contra el abuso físico y sexual hacia las mujeres y los niños. Asistió a las Universidades New York University y Rhode Island College.

Dicho por los Lectores:
“Tengo mucho respeto por tu espíritu,tu fuerza y ​​sinceridad. Muchas personas no son capaces de sobrevivir el tipo de trauma que  estás escribiendo. “

“Estoy tan orgullosa de ti por defender tus palabras, por darte cuenta de tu valor, una y otra vez. Estoy feliz de que nos muestres tu humanidad y permites a tus lectores ver dónde te duele y ver como revives y ganas fuerza otra vez. La gente responde porque inicias el diálogo, pensamientos, y palabras! También muestras lo que no toleras, lo que no es negociable. Y que a tu espacio solo entra quien tu autoriza, tu no permita que nadie entre a ti sin tu acceso, lo que demuestra que todavía estás en control. ¿Cómo te mantienes fuerte? Siendo fiel a todo lo que eres ahora y todo lo que estás haciendo para llegar a ser!”

LIBRO DISPONIBLE EN AMAZON.COM

DETALLES DEL EVENTO
Sábado, 20 de agosto 2011, 16:00-19:00 / 4:00pm – 7:00pm EST
Hue-Man Bookstore & Café, 2319 Frederick Douglass Boulevard Nueva York, NY 10027

La autora está disponible para charlas y reuniones de organización de la comunidad. Para concertar la firma de libros o entrevistas contactar a Emma Díaz por email: findingyourforce@gmail.com.

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Mujeres, raza e identidad caribeña una conversación

Mujeres, raza e identidad caribeña una conversación con Inés María Martiatu

Por Sandra Álvarez Ramírez

Inés María Martiatu ha contribuido considerablemente a hacer visible y estimular la difusión de los temas de la cultura afrocubana. Ella ha realizado importantes aportes a la antropología teatral caribeña. Sin embargo, su interés abarca desde la poesía de una escritora como Nancy Morejón, al cine eminentemente crítico de Sara Gómez, sin olvidar los temas de la narrativa, la canción popular o la importancia de la mujer cubana en el mundo de la cultura hip hop. Sus trabajos han aparecido en publicaciones cubanas y extranjeras. Además, ha publicado libros de ensayo, antologías de teatro, crónicas y cuentos. Entre otros, Algo bueno e interesante (1993), El rito como representación (2000), Una pasión compartida, María Antonia (2004), Cuba. Costumbres y tradiciones (2006) y Bufo y Nación. Interpelaciones desde el presente. (2008). Además, compiló, Teatro Escogido de Eugenio Hernández (2006, Premio de la Crítica ese año). En la mayoría de ellos da preeminencia siempre a los temas que atañen a la mujer negra.

Con la aparición de Over the Waves and other Stories /Sobre las olas y otros cuentos (Swan Isle Press de la Universidad de Chicago), Inés María se nos presenta una vez más en su faceta de narradora. Un premio ganado en 1990 hizo aparecer algunos de sus cuentos en varias revistas especializadas y luego, en 1993, en una plaquette. Desde entonces ha seguido publicando sus narraciones en revistas en Cuba y en el extranjero. Over the Waves and Other Stories /Sobre las olas y otros cuentos es toda una revelación para quienes se interesan en la literatura afrocubana escrita por mujeres. Un libro conmovedor en el cual el racismo, la marginalidad, la santería, el espiritismo y la angustiosa existencia de la mujer negra se nos muestran con toda su magia, pasión y desgarramiento. Todo ello expresado con la intensidad y el talento de la escritora. De la aparición de este libro y su experiencia como narradora nos habla Inés María en esta entrevista.

Históricamente las mujeres han sido relegadas al espacio de la poesía. En el caso de la mujer negra, sujeto en alteridad por su condición racial y que por tanto no cumple con ciertos mitos de la feminidad diseñada desde la blancura, ¿podría entonces hablarse de un posicionamiento desde la narrativa interpretable a partir de esta condición que las signa?

Creo entender por tu pregunta que encuentras una diferencia entre el desempeño de las escritoras negras en el campo de la poesía y en el de la narrativa. En el caso de Cuba, la creación literaria femenina cobró auge en el siglo xix, sobre todo en el campo de la poesía. Ésta reflejaba un mundo de espacios privados donde se realzaban los roles familiares: la madre, la esposa y la hija. Estas poetas se agruparon principalmente alrededor de revistas literarias o de temas generales dirigidas al público femenino. Las familias blancas de clase media y alta veían las artes y las letras como atributos para resaltar la feminidad. No obstante, siempre hubo algunas excepciones, Este fue el caso de la más famosa escritora cubana, Gertrudis Gómez de Avellaneda, quien se atrevió a pronunciarse a favor de la emancipación de la mujer.

En esa misma etapa, un grupo de poetas negras y mestizas fueron capaces de articular un discurso completamente diferente al de las mujeres blancas. Abordaron en sus textos temas tales como la reivindicación de su identidad y de su africanía, la experiencia de la esclavitud, el orgullo racial y la exhortación a la superación cultural. Un ejemplo lo tenemos en las poesías y escritos de Úrsula Coimbra: “Me siento orgullosa de pertenecer a una raza que por sí sola y a costa de sacrificios, procura elevarse a la altura de las demás y lucha, trabaja y estudia para vencer…”.[1] Otras voces poéticas de mujeres negras de esa época son las de África Céspedes, Cristina Ayala y Catalina Medina.

Por supuesto que la mujer, desde el discurso de la blancura, era descrita e imaginada como objeto y jamás sujeto. Ella era el adorno ideal del hogar. Se le atribuían ciertas cualidades que los patrones sociales dominantes consideraban como la esencia de lo femenino: pasividad, delicadeza, debilidad, proclividad al llanto y en algunos casos hasta al desmayo. A ello evidentemente se opone la figura de la mujer negra de la diáspora. Ella fue protagonista de una dramática historia de horror. Esclavizada, llevando una vida de trabajos forzados en las plantaciones o como esclava doméstica, fue explotada brutalmente. Luego, por supuesto, ha tenido que trabajar siempre para mantenerse ella y a sus hijos.

En cuanto a lo racial, la belleza de la mujer negra ha sido desacreditada. A la caracterización de la blanca y sus rasgos fisonómicos: cuerpo esbelto o de diosa, cutis de rosa, ojos claros, boca de grana, labios finos, pelo sedoso, manitas blancas, se opone el pelo “malo”, rostro oscuro, nariz “ñata”, la “bemba” y otros que ya conocemos. Con ello un cuadro completo de las oposiciones binarias propias del racismo…

Para leer mas: Mujeres, raza e identidad caribeña Conversación con Inés María Martiatu

Publicada  en: La Gaceta  de Cuba, no.1, enero-febrero de 2010, pp.42-45.


[1] María del Carmen Barcia Zequeira: “Mujeres en torno a Minerva”, La Rábida, n. 17, 1998, Huelva.

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NARRATIVA

LOS CABELLOS DE MELANIE

Puedo imaginarme Barbie como Raponcel, ordenar quiero esto o lo otro, ¡suelta! ¡cállate! ¡dame! y que todos me escuchen y digan Ana es la más bella entre las bellas, como a Melanie, que tiene el pelo lacio y negro por la cintura. Pero no es igual, nunca es igual imaginarlo.

Melanie tiene mi edad y está en mi escuela, todos la miran cuando pasa porque estira la nariz y recita en los Matutinos. Los maestros la celebran tanto que creo que un día en vez de como el Ché, gritaremos “¡Seremos como Melanie!”. A las demás niñas del aula no nos gusta que sea la primera en responder, mire con lástima cuando nos confundimos y ande con dos chiquitas de pelo rizado que se creen importantes por traerles regalos a las maestras; Melanie no regala nada, tal vez por eso algunos días se ve como aburrida, sí, como con unas ganas de llorar muy grandes. A mí siempre me comparan con ella: si cuento con los dedos, Melanie lo dice todo sin problemas, si escribo muy mal, Melanie qué caligrafía, por eso reí cantidad el día de la Visita cuando, en medio del escenario, cantó “Lindo es mi cielo, lindo es mi mar…” señalando el piso primero y al techo después. Solo ese día, los demás es la princesa y a mí me siguen llamando “¡Jabá, ven acá! ¡Jabá, esto! ¡Jabá, lo otro!” Yo no soy jabá, los jabaos son candela, dice la gente, ¡malísimos!, dice Meño, la vecina. Malos son los que se pasan el día como Melanie, en su casa sin mirar a nadie.

De ella no hablan, porque solo está estudia que te estudia y viendo los muñequitos y a mí que entre a las once, Meño me llama sucia, señala con su manito engurruñada, (dice mamá que le quedó así como castigo a algo muy malo que hizo), y su joroba que no la deja caminar más que de lado. Eladio, el vecino, se ríe y me hala los moños, entra con mamá a mi casa para vigilar no sé cuál dulce, porque mamá nunca cocina, sino que lo hace abuela y a las seis, cuando el olor de los puercos de al lado no es tan fuerte. Yo me pregunto si Melanie jugaría como yo o podría estudiar con los gritos de “tú no sabes nada, tú nunca, tú eres bruta, con esas pasas” con los que se entretiene Meño, mientras Eladio, su esposo,  sigue en la cocina, para salir después diciéndome princesa, haciendo un guiño que ella nunca nota y Mamá viene detrás con el vestido cambiado.

Así es mejor jugar en el pasillo del dos, mi hermano en calzoncillos puede bien ser el príncipe y el trapito este, mi pelo: me pone un zapato y quedo dormida, entonces saca una naranja y la coloca frente a mí, la naranja se convierte en un descapotable, el chofer es un genio, mi vestido es verde brillante y mis uñas muy largas, el príncipe me lleva al Acuario o al Circo, a cualquiera de esos lugares a los que nunca he ido…a las once se oyen unos gritos, la naranja no está, el príncipe levanta sus nalgas del piso frío y hay que entrar a la casa oscura. Antes me gustaba, pero ya no, desde que conocí a Melanie. Cuando yo sea grande tendré el pelo larguísimo y haré de Blancanieves en una película, ya no dirán jabá sino qué hermosa y qué blanca y qué buena. MI PRÍNCIPE me llevará a un castillo con cuartos para mí y mi hermanito, un castillo de película que no huela a animales; si ya lo tuviese tal vez Melanie saldría de su casa, aprendería a chapotear cuando llueve y hablar de otra cosa que no sea de libros. Sería un sitio donde todo se hiciera realidad, casi como el apartamento de Deisy.

A mí me gusta subir descalza al tercer piso, sorteando los charquitos y cacas de perro, a esa casa, que a veces parece la mía, solo que con un tres delante, mucho cambio adentro, con el piso brillante pa´ resbalar y el olor a perfume; solo que a Deisy no le gusta que corra por todas partes, ni me suba en los muebles porque

mis pies…, ni toque los adornos de cristal y porcelana porque puedo romperlos y por mis manos sucias. Todos creen que subo por las galletas dulces y la gelatina, pero yo espero que sean las cinco: Es cuando abren el balcón de al lado y peinan a Melanie con un cepillo suave. Siempre pienso pararme ahí y que ella va a mirar. Hasta puede que no sea tan pesada sino que “las malas compañías” y tal vez no baje porque cree que es aburrido o teme como yo al Viejo Coco. A lo mejor me saluda y hasta me invita a pasar de la puerta donde tantas veces me he parado, pensando si será como mi hogar de cuando sea grande o como un palacio, si sus colchones serán de espumas y siete como en el cuento, si será tan tonta para despertarse por tener un chícharo bajo el último, o nos despertaremos las dos cuando me invite a dormir en su casa.

Yo nunca me despierto en el catre donde duermo con mi hermanito. Es mejor seguir en esos sueños donde soy preciosa, todo está lleno de luces y bailo como la bailarina española, que suena los tacones para alejar el maldeojo. En las madrugadas el Viejo Coco camina por la casa. Enreda a los grandes y asusta a los niños. Arrastra los pies y ya sé que no tiene barbas, ni saco, solo un olor a viejo tan fuerte que parece pegarse a todo, estirarse como mano y apretar. Una vez abrí los ojos y vi su sombra en la cama, sobre mamá. Mamá dice que la sombra del Coco no le hace nada y a veces bromea diciendo que mejor le agradezca al Coco mi comida; pero Eladio me echa miedo “A ti si te va a hacer, por lengüina. Todo lo dices.” y me dan ganas de llorar “Yo puedo hablar con el Coco para que no te moleste, pero tienes que dormir toda la noche, Ana, y no decirle a nadie lo que ves y mucho menos a Meño, que le tiene miedo a los fantasmas.” No creo que ella se asuste, mi hermano Abelito dice que es una bruja y a veces me he asomado por

una rendija de su puerta y la he visto en el piso, diciendo “Acaba con ella, que pase lo que yo he pasado” como si hablara de verdad con alguien con nombre y apellidos, pero no he podido ver quién es, ni le he dicho nada de todas formas y desde entonces sueño con castillos y princesas, que soy Fiona antes de convertirse en ogra.

Seguro que en casa de Melanie será como en mis sueños, ella me enseñará las tablas, sin reírse de mi forma de contar, y a contestar bien los verbos y yo le enseñaré a hacer teatros de muñecas con palitos de helado y fango y a que le salga entero el bigote de leche. Todo eso cuando mire, mientras la peina su mamá en el balcón, su mamá que es linda y rosada y siempre lleva un vestido que parece acabadito de lavar y planchar. Seguro que le canta nanas todas las noches sin pensar en sombras de Cocos. Seguro que cocina muy rico, sirviendo en platos de verdad, con dibujos, sin tener que esperar que coma ella para poder utilizar su plato, ni gritar “¡Apúrate!”  para que coma otro. Cuando vaya a su casa nos bañará a ambas y nos dará un beso para dormir diciendo “Hasta mañana, nenas”, o tal vez me diga Melanie, como a ella, Melanie y no Ana Úrsula o jabá o fea, como me dicen mis abuelos, y mi mamá, Abelito y Eladio, que solo a veces me llama princesa.

Abelito es mi hermano mayor, mamá siempre lo regaña porque llega muy tarde o trata mal a los vecinos; pero él sigue, y le grita “¡Viejo!” a Eladio y “¡Bruja!” a Meño. También lo veo fumar a escondidas, sobre todo desde que ya no está en mi escuela y luce más grande, por eso no cree en el Coco ni en las Hadas, dice que va a trabajar mucho para comprar una mansión  y allí podré invitar a todas las amigas que quiera y tendré un colchón de agua donde naden pececitos y él se pondrá cada día una ropa nueva.  A Melanie le va a encantar que se lo cuente, a oscuras y arropadas las dos, le diré bajitico “Vamos a tener un jardín grande y cantidad de habitaciones donde a nadie le digan jabá, podremos llenarlas de perros y dulces y lluvia, de todo lo que te gusta”, una vez la vi mirar como saltábamos yo y mi hermano bajo un aguacero y parecía que se moría por bajar a mojarse. Lo haremos juntas cuando Abelito sea millonario.

Pero ese día aún está lejos, mientras que ahora no puedo ni contar ni leer. Lo he deseado con una pestaña apretada en los pulgares y camino sin pisar las rayas del piso, no pateo más de una vez las latas que la gente tira en la calle para que no mienten a mi madre y me concedan lo que pido. Hasta le he escrito al Ratón de los dientes que no me deje ni un peso bajo el catre, ni caramelos, sino un pelo muy largo o puertas, ventanas y torres para ir armando mi castillo, para que así mamá no tenga que soportar el olor a viejo por las noches ni Abelito que fumar en la azotea; le escribí “Ratón, llévale mi diente a Melanie, hazla mirar y llamarme”. Pero aún no pasa nada, solo que Eladio me dice fea más que de costumbre y me asusta diciendo que hablará con el Coco para que vuelva a molestarme, mami pone mala cara y hasta le grita que me deje tranquila. Ya no sé qué hacer, la maestra cada vez es más insoportable. Solo me queda probar con Meño, mi hermano dice que no me acerque a ella, que es muy mala, pero él no sabe lo malo que es tener el pelo duro. A lo mejor ella es como Úrsula y solo cobra mi voz por convertirme en Melanie, aunque yo no sepa cantar como la Sirenita.

Eladio salió de viaje hoy por la mañana. Entré a su casa y vi a Meño de nuevo arrodillada en el piso, hablándole a una cazuela muy grande con  herraduras de caballo, pedazos de palo adentro y un montón de manchas prietas: un caldero lleno de muertos que, según me dijo, hacen lo que ella quiere. No vi a ninguno pero de todas maneras se lo pedí y ella no me lo quiso prestar, le dije por favor muchas veces como le he oído decir a Melanie cuando le pide algo a los mayores, pero la bruja  dice que es muy peligroso, que no es cosa de niños, que hay que echarle sangre, y nombres y huesos y que no puedo contarle a nadie, y mucho menos a Eladio, que le tiene miedo a los fantasmas, lo que he visto.

¿Para qué le servirá? Ella ya no puede arreglarse, seguro que se quedó así por pedir algo malo ¿Y si la cazuela pudiera ayudarme desde lejos? A lo mejor lo hace, porque yo solo tengo deseos buenos, guardo bien los secretos y también porque ya conseguí el nombre completo de Melanie en la escuela y lo enterré bajo el cocotero del lobby, como me dijo Meño, riendo, que ella hace a veces. Ya, también, me amarré un mechón de pelo de Melanie en la muñeca y pedí lo que quiero en quince nudos.

En estos días seguro que se cumple mi sueño. Nos va a ver todo el edificio corriendo descalzas por los pasillos, con el pelo igualitico, lacio y negro por la cintura,  y evitando cogidas de la mano los charquitos de perro.

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NARRATIVA

Travesía I

Travesía  I, por Yusimí  Rodríguez

Después de sacudirse en la tasa del baño y asegurarse de soltar la última gota de orine, Emma enciende la luz y va hacia el espejo para ver si los cuatro litros de agua diarios han surtido algún efecto.  Se queda mirando su cara como una foto de alguien desconocido.  Ni siquiera se sobresalta cuando suena el primer trueno y empieza a caer el aguacero como si hubieran abierto una ducha de pronto.  Así permanece incluso cuando suena el timbre del despertador; se pregunta entonces para qué despierta una, incluso cuando ya sabe que nada puede cambiar en este mundo.  Podría quedarse tiesa, morirse ahora mismo y nada cambiaría.  Las espinillas negras y las arrugas siguen ahí.  El banco también seguirá en su lugar aunque ella no vaya; abrirá a las 8:30, los clientes realizarán sus operaciones y saldrán satisfechos aunque no sea ella quién los atienda.

Claro que si justo esa mañana Emma hubiera decidido quedarse en casa, se hubiera perdido a Matías Delgado; pero no lo sabía.  Así es que en realidad no fue por eso que se lanzó a la calle a embestir la lluvia con su paraguas como todo el mundo, y atravesó la marea de gente para alcanzar la otra acera de un brinco justo a tiempo de que un moscovich rojo no le cepillara las nalgas, aunque sí le salpicó las medias; sino porque la alternativa era sentarse frente a un curso de Historia o de idioma Inglés impartido en el televisor, con una jarra de café con leche, una jaba de galletas de sal, mantequilla y mermelada de guayaba, a cebarse y meter más granos prietos en su cara.

Caminaba en realidad sin esperanza.  Sería difícil coger una guagua bajo esa llovizna, o que pararan los carros estatales en el punto de transportación alternativa, o que debajo de esa llovizna hubiera un inspector en el punto intentando parar los carros.  Pero de todas formas la costumbre la hizo mirar hacia el punto y no le asombró ver el grupo de personas que se habrían detenido allí a esperar, más por la costumbre que con esperanza alguna de que pudiera parar algún carro.   Y la costumbre de ver al inspector con uniforme azul y gorra hizo que Emma no reconociera al hombre del chubasquero amarillo, y hubiera seguido de largo si en ese preciso momento no hubiera levantado el hombre la mano con la tablilla para detener un carro que estaría aún a veinte metros del punto.

Emma sintió entonces el corrientazo, una especie de presentimiento de que sí había un motivo para haber despertado esa mañana, haber puesto más maquillaje en las espinillas y las arrugas, haber estrenado un perfume que le costó casi el sueldo del mes anterior.  Algo dentro de sí le dijo que aquel carro llevaba su rumbo, precisamente el que nadie en el punto llevaba porque todos iban hacia La Habana Vieja o Centro Habana.  Así es que corrió, corrió con los tacones a pesar de que hubiese podido torcerse un pie o resbalar y caerse sentada delante de todo el mundo.  El inspector habló en voz baja con el chofer del carro y al cabo de un momento levantó la cabeza con calma y miró a todos inexpresivo antes de decir con voz también inexpresiva Linea y Paseo.  Lo sabía, le dirá luego Emma a Mirna en el banco cuando  vea a Matías Delgado en la puerta del banco.

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